El problema del que arranca la teoría empirista del conocimiento radica, como nos recuerda Cassirer, “no en el contenido simple de la percepción, sino en el acto de articulación de las sensaciones concretas”. Es decir, no son las “sensaciones dadas” sino los sentires, la elaboración de la percepción, lo que la filosofía de Hume se propone penetrar. Según esa filosofía, la experiencia no dice ninguna verdad sobre los hechos del mundo. Sólo la elaboración de esa experiencia, la cuidadosa observación de su comportamiento, de su acaecer, de su estar ante la subjetividad que se reconoce a sí misma desde el ámbito del sentimiento, dará cuenta del verdadero problema del conocimiento. ¿Y qué es lo que se conoce? Como en Descartes, no es la naturaleza dada el objeto de la indagación sino, sobre todo, la manera como el hombre elabora sensiblemente esa naturaleza. Aunque ya no en términos puramente racionales, abstractos, sino ahora en los términos del sentimiento, un saber cuyos límites serán establecidos por la propia sensibilidad.
Ello conduce, al decir de Cassirer, al encuentro de una filosofía de la percepción, es decir, una filosofía psicológica. Y es verdad, pues al centrar su investigación sobre el logos del cuerpo, sobre la existencia de una “razón sensible” que elabora para sí los contenidos de lo que palpa, indagando en la posibilidad de una existencia objetiva de las cosas, entonces es que la investigación debe comenzar, como hace Hume, volviendo sobre la voluntad relacionable de la sensibilidad, esto es, la habilidad metafórica de la experiencia del sentir. Lo importante entonces será, no la descripción de los acontecimientos naturales, sino la indagación de los contenidos que la sensibilidad “pone” frente a sí misma. Lo que sentimos no está en lo que se siente, sino en el hecho de sentir. Por ello en Hume la teoría del conocimiento estará cifrada en los contenidos sensibles del cuerpo y de la imagen.
Ello conduce, al decir de Cassirer, al encuentro de una filosofía de la percepción, es decir, una filosofía psicológica. Y es verdad, pues al centrar su investigación sobre el logos del cuerpo, sobre la existencia de una “razón sensible” que elabora para sí los contenidos de lo que palpa, indagando en la posibilidad de una existencia objetiva de las cosas, entonces es que la investigación debe comenzar, como hace Hume, volviendo sobre la voluntad relacionable de la sensibilidad, esto es, la habilidad metafórica de la experiencia del sentir. Lo importante entonces será, no la descripción de los acontecimientos naturales, sino la indagación de los contenidos que la sensibilidad “pone” frente a sí misma. Lo que sentimos no está en lo que se siente, sino en el hecho de sentir. Por ello en Hume la teoría del conocimiento estará cifrada en los contenidos sensibles del cuerpo y de la imagen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario