De lo que se trata es de poder elaborar, objetivamente diría Hume, el contenido subjetivo de la sensibilidad. La cualidad fáctica de las cosas del mundo queda así convertida en un ámbito que sólo tendrá valor en tanto se configure como adecuación entre los hechos y los contenidos específicos de la sensibilidad. Por ello, como recuerda Cassirer, Hume tendrá en la experiencia el objeto último de su indagación. Pues si, al elaborar su teoría de las causas, Hume no atiende a fuerzas exteriores que determinan las relaciones entre las cosas (como en la filosofía escolástica y aristotélicas), sino “al fundamento que determina y regula nuestros juicios” sobre lo relacionable; y como esa relación se configura en las imágenes de la psique; como la tarea que se impone el conocimiento es la de precisar los vínculos progresivos entre las causas y los efectos; y si el alma, al representarse múltiples combinaciones de causas y efectos, va formulando así un entendimiento progresivo de esas combinaciones, que a su vez la imaginación vincula con otras más, entonces entendemos por qué, como dice Cassirer, el problema del conocimiento está, en última instancia, enfocado hacia las posibilidades gnoseológicas de la experiencia, del cuerpo y, desde luego, de la imaginación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario