Se ha hecho observar con frecuencia que los griegos, que entendían algo de obras de arte, usaban la misma palabra tecné para la artesanía y el arte, y designaban con la misma palabra tecnitis al artesano y al artista.
En esta virtud parece indicado determinar la esencia de la creación por su lado de oficio. Sólo que justamente la referencia al uso verbal de los griegos, que designa su experiencia del caso, debe hacernos reflexivos. Por habitual y obvia que sea la referencia a la usual designación griega de artesanía y arte con la misma palabra tecné, es, sin embargo, equivocada y superficial, porque tecné no significaba ni arte ni artesanía y, menos que nada, lo técnico en el sentido actual. La palabra tecné nunca significa en general una especie de ejecución práctica, sino que nombra, más bien, una especie de saber. Saber significa haber visto en el amplio sentido de ver, es decir, percibir lo presente en cuanto tal. La esencia del saber, para el pensamiento griego, descansa en la aletheia, o sea, en la desocultación del ente. Es portadora y directora de toda conducta con respecto al ente. La técne como saber experimentado a la griega consiste en la producción de un ente en tanto que lo pone delante como lo que se presenta en cuanto tal, sacándolo de la ocultación expresamente a la desocultación; no significa la actividad de un hacer. Por eso el artista es un tecnitis, no porque es también un artesano, sino porque lo mismo la producción de la obra que la producción del útil acontece en aquella otra producción que hace pro-venir al ente por su apariencia a su presencia. Empero, todo esto acontece en medio de los entes que surgen espontáneamente, en la fisis. La designación del arte como tecné no quiere decir que la acción del artista se comprenda por la artesanía. Al contrario, lo que en la creación de la obra parece una confección manual es de otra especie. Esta acción es determinada y terminada por la esencia de la creación y queda incluida en ésta.
Martin Heidegger: “El origen de la obra de arte”, en Arte y poesía. Fondo de Cultura Económica. pp. 94-95
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