Las buenas preguntas hacen que las palabras discurran hacia el logos, atraídas por la fuerza de la verdad. El buen conversador permite que en sus palabras se manifieste el rastro de una naturaleza divina. La tarea del filósofo es seguir ese rastro en la palabra justa, es decir, que su tarea es aprender a preguntar.
Lo curioso es que, según Platón, el enamorado también discurre hacia el logos, aunque no a través de la palabra sino del influjo erótico. Pues hay en el bello cuerpo (que es fantasma e ídolo) el rastro de una naturaleza que no es corpórea. El enamorado, si sabe contemplar, sabe también seguir las señales de ese rastro, y así reconoce en el bello cuerpo la presencia de un discurso trascendental. Por eso la tarea del enamorado es aprender a contemplar. Contemplar como quien elabora buenas preguntas; preguntar como quien se abandona a la contemplación de la verdad.
martes, 23 de noviembre de 2010
martes, 9 de noviembre de 2010
Primer parcial de Estética I. Sección A
Escoja uno o dos de los siguientes problemas, relájese y piense:
1) Elabore una breve reflexión sobre el problema del lenguaje a partir de la relación entre dialéctica, discurso e influjo erótico que podemos encontrar en las obras platónicas.
2) “Lo único real y verdadero para el pensamiento medieval es lo invisible”. El artista trabaja con eso invisible, lo reelabora piadosamente, esmeradamente, y así se esfuerza por darle visibilidad (que es también una manera de acercar lo humano y lo divino). A partir de este problema elabore una reflexión sobre la noción medieval de mímesis, teniendo en cuenta la tesis de la proporción y la tesis de la claridad.
3) ¿Cómo podemos reconocer en este dibujo de Leonardo las marcas de una concepción artística de la realidad?
1) Elabore una breve reflexión sobre el problema del lenguaje a partir de la relación entre dialéctica, discurso e influjo erótico que podemos encontrar en las obras platónicas.
2) “Lo único real y verdadero para el pensamiento medieval es lo invisible”. El artista trabaja con eso invisible, lo reelabora piadosamente, esmeradamente, y así se esfuerza por darle visibilidad (que es también una manera de acercar lo humano y lo divino). A partir de este problema elabore una reflexión sobre la noción medieval de mímesis, teniendo en cuenta la tesis de la proporción y la tesis de la claridad.
3) ¿Cómo podemos reconocer en este dibujo de Leonardo las marcas de una concepción artística de la realidad?
Primer parcial de Estética I. Sección B
Escoja uno o dos de los siguientes problemas, relájese y reflexione:
1) ¿Por qué, según Platón, el cuerpo bello ―que es también sombra, espejismo y muerte― nos provoca el único influjo divino que no nos aleja sino que nos acerca a la verdad?
2) Haga una lectura de este fragmento del Cántico espiritual rastreando las nociones medievales de belleza y de mímesis. Tome en cuenta las ideas de Tatarkiewicz.
3) Construya una breve historia de la mímesis desde Platón hasta Leonardo, pasando por Aristóteles y por la filosofía medieval.
1) ¿Por qué, según Platón, el cuerpo bello ―que es también sombra, espejismo y muerte― nos provoca el único influjo divino que no nos aleja sino que nos acerca a la verdad?
2) Haga una lectura de este fragmento del Cántico espiritual rastreando las nociones medievales de belleza y de mímesis. Tome en cuenta las ideas de Tatarkiewicz.
3) Construya una breve historia de la mímesis desde Platón hasta Leonardo, pasando por Aristóteles y por la filosofía medieval.
martes, 26 de octubre de 2010
Meditaciones en la tierra de nadie
Me gusta creer que el mundo occidental fue inventado (o al menos reinventado) en el siglo XVI. Entonces la paideia europea había llegado a su fin: los monasterios y la teología cristiana estimularon el desarrollo de esa crisis de la cultura que llamamos Renacimiento (o renacimientos, como decía Panofsky). La metafísica abrió el camino de la física, y Dios se descubrió sensible y matemáticamente en la naturaleza y en sus leyes.
A los ojos de los hombres, la estructura del pensamiento empezó a repetirse en la naturaleza, de modo que ahora también se podía pensar experimentando, palpando la cualidad de los cuerpos, o sencillamente recorriendo un sendero o abriendo un cadáver. Todas esas cosas materiales ya no eran despojos de un mundo trascendental, sino que eran lo trascendental mismo. No eran despojos, o sombras, sino estructuras que funcionaban como una máquina, es decir, como un sistema de relaciones matemáticas.
Por eso era posible pensar viendo, pues los ojos ―ellos también matematizados― podían experimentar la gran máquina del mundo. Los sentidos estaban llenos de razones, como la naturaleza estaba compuesta por relaciones estables, fijas, constantes y verificables por el pensamiento.
Desde entonces creemos que vemos como si del ojo saliera una pirámide, y como si en la base de la pirámide hubiera una retícula, un sistema de coordenadas que proyectamos sobre las cosas. Y como a la vez creemos que las cosas están conformadas por una inmensa tela de araña estructurada matemáticamente, la experiencia de aquella retícula visual nos permite descifrar esa estructura que llamamos “naturaleza”. Así los sentidos llegaron a ser herramientas de la nueva ciencia.
A los ojos de los hombres, la estructura del pensamiento empezó a repetirse en la naturaleza, de modo que ahora también se podía pensar experimentando, palpando la cualidad de los cuerpos, o sencillamente recorriendo un sendero o abriendo un cadáver. Todas esas cosas materiales ya no eran despojos de un mundo trascendental, sino que eran lo trascendental mismo. No eran despojos, o sombras, sino estructuras que funcionaban como una máquina, es decir, como un sistema de relaciones matemáticas.
Por eso era posible pensar viendo, pues los ojos ―ellos también matematizados― podían experimentar la gran máquina del mundo. Los sentidos estaban llenos de razones, como la naturaleza estaba compuesta por relaciones estables, fijas, constantes y verificables por el pensamiento.
Desde entonces creemos que vemos como si del ojo saliera una pirámide, y como si en la base de la pirámide hubiera una retícula, un sistema de coordenadas que proyectamos sobre las cosas. Y como a la vez creemos que las cosas están conformadas por una inmensa tela de araña estructurada matemáticamente, la experiencia de aquella retícula visual nos permite descifrar esa estructura que llamamos “naturaleza”. Así los sentidos llegaron a ser herramientas de la nueva ciencia.
Meditaciones en la tierra de nadie
Imaginemos que lo bello es lo que nos invita a pensar bien. Una progresión matemática, si está bien hecha, es bella. Gozamos cuando estamos ante una bella idea, como goza el filósofo cuando intenta pensar la verdad. Teoría (contemplación de la verdad) y aisthisis (inteligencia de los sentidos) se parecen, pues la filosofía nos produce un placer estético, mientras lo bello puede comportar un placer intelectual.
Aristóteles decía que la tragedia nos hace sentir esos dos placeres como si fueran uno solo. Eso se debe a que el arte del trágico se basa en la imitación de sentires y de conceptos universales. El trágico imita la verdad de los sentires y el contenido intelectual (espiritual) de las pasiones. Su arte nos invita a pensar bien, a la vez que afina la asithisis, la inteligencia de la sensibilidad.
Aristóteles decía que la tragedia nos hace sentir esos dos placeres como si fueran uno solo. Eso se debe a que el arte del trágico se basa en la imitación de sentires y de conceptos universales. El trágico imita la verdad de los sentires y el contenido intelectual (espiritual) de las pasiones. Su arte nos invita a pensar bien, a la vez que afina la asithisis, la inteligencia de la sensibilidad.
martes, 19 de octubre de 2010
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