Imaginemos que lo bello es lo que nos invita a pensar bien. Una progresión matemática, si está bien hecha, es bella. Gozamos cuando estamos ante una bella idea, como goza el filósofo cuando intenta pensar la verdad. Teoría (contemplación de la verdad) y aisthisis (inteligencia de los sentidos) se parecen, pues la filosofía nos produce un placer estético, mientras lo bello puede comportar un placer intelectual.
Aristóteles decía que la tragedia nos hace sentir esos dos placeres como si fueran uno solo. Eso se debe a que el arte del trágico se basa en la imitación de sentires y de conceptos universales. El trágico imita la verdad de los sentires y el contenido intelectual (espiritual) de las pasiones. Su arte nos invita a pensar bien, a la vez que afina la asithisis, la inteligencia de la sensibilidad.
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